Me imagino que conocerás a personas que están con ansiedad, depresión, dolores de espalda, de cabeza, mareos… .
Seguramente, a esas personas las habrás escuchado decir que están cansadas, desesperadas, sin animo de hacer nada, sin esperanza…porque llevan mucho tiempo en esa situación y no ven la salida. Han probado de todo y nada les ha funcionado, así que se han resignado a seguir como están y no dejan de repetir “ya he probado de todo´´… “lo mio ya no tiene solución´´… “igual es genético, a mi madre también le pasaba´´…, “además, hoy en día quien no está mal´´… etc.
Muchas de esas personas suelen ser aconsejadas por familiares o amigos para que prueben alguna terapia o producto nuevo o distinto, ya que las ven que están desesperadas y que están acostumbradas a tomar un sin fin de medicamentos para la ansiedad, para dormir, para los dolores…las ven que, muchas de ellas, incluso están en tratamiento psicológico con el cual llevan dos, tres, cuatro años..habiendo notado poca o ninguna mejoría, pero que ahí siguen.
Suele ser habitual que, algunas de esas personas, de pronto, siguiendo una recomendación, acudan a una sesión terapéutica nueva porque están desesperadas y desean recuperar la salud por encima de cualquier cosa. ¿Pero qué pasa cuando acuden donde un terapeuta que no les receta pastillas, ni se limita solamente a aliviar la sintomatologia con un masaje o cualquier otro procedimiento, ni tampoco se dedica solamente a escuchar y a dejar que se desahoguen?. ¿Qué es lo que suele pasar cuando se trata de encontrar realmente la causa para así intentar solucionarla?. Pues pasa que, en muchas ocasiones, esas personas que están tan desesperadas y con tantas ganas de recuperarse lo antes posible y a toda costa, empiezan a ser autosaboteadas por su propia mente, por su mente inconsciente que no desea soluciones que saquen a la persona de su zona de confort, de su zona conocida.
Estas expresiones suelen ser muy frecuentes: ¿Sabotearme yo?, ¡pero si yo lo que quiero es curarme, por eso estoy aquí!.
Por muy raro que parezca, esas ganas de salir, de una vez por todas, de ese estado de desesperación, de dolor…se ven obstaculizadas por una voz que, con fuerza y en lo más profundo de la mente, en el inconsciente, grita ¡NO, NO QUIERO!. Esa voz es silenciosa, pero poderosa, y es capaz de sabotear todos los deseos conscientes. La acción de esa voz se llama autosabotaje, y es una trampa que nos creamos nosotros mismos sin darnos cuenta de que la estamos creando. Es como una lucha de nuestra mente contra nuestra propia mente. Una lucha con las fuerzas desigualadas, porque nuestra mente consciente es no más de un 10% de nuestra mente, mientras que nuestra mente inconsciente es al menos un 90%.
Nuestra mente inconsciente administra nuestros órganos y es responsable de todos los movimientos del cuerpo.
La misión de nuestra mente es mantenernos dentro de nuestra zona de confort, dentro de nuestra zona conocida, sea buena, mala, dolorosa….
Para autosabotearnos suele darnos todos los argumentos necesarios; un sin fin de explicaciones y justificaciones muy lógicas que, por supuesto, nos creemos porque son “muy lógicas´´ y no nos damos cuenta del engaño.
Y, si por la vía mental no puede convencernos y hacernos desistir, irá por la vía emocional. Nos hará sentir muy mal para que, según nuestra lógica, determinemos y nos digamos “esto no es bueno para mi´´, “porque yo hago caso a mis emociones y, si esto fuera bueno, yo me sentiría bien y, sin embargo, me siento peor, por tanto…´´.
Si aún así no logra su propósito, al inconsciente le queda un último recurso, atacar por la vía física. Nos provocará un dolor en la espalda, bajará nuestras defensas para que cojamos un refriado, etc., lo que sea con tal de que nos quedemos en casa y dejemos para otro día eso que tanto queríamos hacer conscientemente, pero que, inconscientemente, no queríamos, bien por miedo, por inseguridad, porque estamos obteniendo unos beneficios secundarios siguiendo en ese estado, etc.
Tres ejemplos frecuentes de autosabotaje
*Una persona que está enferma, por lo general, suele recibir más atención y más visitas por parte de sus familiares y amigos. Si tiene hijos y estos viven fuera de casa, es muy probable que sus hijos la visiten o llamen con más frecuencia de lo que lo hacían antes, por el hecho de estar enferma. Con lo cual, esta persona enferma obtendría un beneficio secundario manteniéndose en ese estado e, inconscientemente, prefiere seguir así para no dejar de recibir esa atención, esas visitas, etc.
*Una mujer que está con ansiedad. Ella se cree que es por el fallecimiento de un ser querido. Si por la habilidad del terapeuta, la mujer empieza a comprobar que la verdadera causa de su estado, es que no es feliz con su marido y que está con él para que no sufran sus hijos, porque es buen hombre y le da pena dejarlo…, tendría los motivos suficientes para autosabotearse con tal de to tener que enfrentarse al hecho de tener que dejar a su marido e intentar rehacer una nueva vida con un futuro incierto. En este caso, la inseguridad y el miedo harían su trabajo inconsciente.
* Una persona que se culpa, aunque sea de manera inconsciente, con motivo o sin motivo, por cualquier cosa, esta persona como ya se ha juzgado y sentenciado a estar en la cárcel del sufrimiento, sabotearía todos sus deseos de recuperación porque, inconscientemente, no se considera merecedora de salir de ese estado por doloroso que sea, ya que se ella se cree culpable y merecedora de esa cárcel. Se cree que es mala, que es culpable y quien es así merece lo peor, no merece ser feliz.
Resumiendo, esas personas a las cuales ves que están desesperadas por su estado y afirman que han probado de todo y nada les ha funcionado, es muy probable que, quizás, hayan sido saboteadas por su propia mente y no se hayan dado ni cuenta. Es muy probable que vayan diciendo que ese producto o esa terapia nueva no sirve para nada y por eso lo han dejado, ya que es más tranquilizador, más cómodo y más barato el afirmar eso y el abandonar cualquier tratamiento que pueda ser efectivo, que el reconocer que, inconscientemente, son ellas las que no desean recuperarse; y si encima resulta que, para lograr hacerlo, antes tendrían que trabajarse, por ejemplo, la culpa, el miedo, la seguridad, la falta de autoestima, etc., para lograr transformar y mejorar así por completo sus vidas, sus estados físicos y/o emocionales, algo para lo cual necesitarían más tiempo y más implicación personal, algo que es menos cómodo que el tomarse una pastilla, lamentarse y sentarse a ver la televisión, con más motivo aún.


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